Autobiografía

Fernando Martínez del Cerro Delgado

autoNací en Cádiz el 5 de junio de 1977, Justo cuando el Cádiz Club de Futbol subía a 1ª. Al año mi familia y yo nos vinimos a vivir a El Puerto de Santa María, donde resido actualmente. Mi pasión por el mar me llega por parte de mi padre. Con el “Parpuja”, un crucero de la marca Puma de 34 pies, propiedad de mi padre y sus dos hermanos. Con este barco, comencé a hacer regatas a vela. Y poco a poco se metió en mí una enorme pasión por el mar y por la competición.

Con el tiempo pruebo la vela ligera, a través del Náutico de El Puerto, donde aprendí a navegar en Optimist y comencé a hacer mis primeras regatas en solitario. Pero fue también entonces cuando probé el windsurf.

En el verano de 1989, cogiendo olas en la playa, le pedí a uno que trataba de levantar la vela, que me dejara probar a mí. Tardé un buen rato, pero por fin conseguí avanzar 2 metros antes de caerme. En adelante no pude dejar de gorronearle el material a todo el que veía. Justo después del verano, conseguí que mis padres me compraran una tabla. Era una Tencate 2,95 con orza y un aparejo de 6m2, que nos costo 50.000 Ptas. de segunda mano. En breve necesitaba otra vela. Esta fue una North de 3.0 que compramos en una tienda en Valdelagrana. Mi padre le preguntó a la dependienta que si aun necesitaría muchas mas cosas para continuar en este deporte. La chica dijo sonriendo que … hasta el 4×4 aun quedaba un largo camino. Y no se equivocaba demasiado.

El verano siguiente, aun navegaba en vela ligera en el náutico por las mañanas, y por las tardes hacía windsurf en la playa del buzo. Pero esto no duro mucho. Terminé por llevarme mi material a las instalaciones de Puerto Sherry, y dejé la vela ligera. Allí estuve varios años, hasta que en el año 92. Apareció por allí Paco Manchón.

Paco me ofreció material, en nombre de la Federación Andaluza de vela, a cambio del compromiso de venir a entrenar. Lo cierto es que inicialmente el material estaba bastante destrozado. Pero era lo que había, y en poco tiempo aquello cambió. En un par de años, ya éramos un equipo de chavales más que interesante. La mayoría lo dejaban antes o después, pero algunos quedábamos. Teníamos material nuevo, nos llevaban de viaje por toda Europa. Y todo sin poner un duro. Mi primer Campeonato de España Infantil fue en “los nietos”, en el Mar Menor en 1993. Mi primer mundial juvenil, en Brest (Francia), 1994.

En esta época, navegaba en la tabla olímpica. La Mistral One Design. La Mistral me proporcionó en ocasiones mucho sufrimiento, debido a mi pésimo rendimiento en vientos medios. Pero también me permitió viajar, navegar, aprender de táctica y aprender a esforzarme. Con viento fuerte, era rápido, muy rápido, pero en algunos momentos y a base de muchísimo esfuerzo, conseguí cosas de las que aun hoy me siento orgulloso. Aparte debo decir que me encantaba navegar en aquella tabla cada día.

En 1996, teníamos el Campeonato de Europa de Raceboard en la Bahía de Cádiz. Para esta regata, decidí hacerme con material de Raceboard. Tenia algunos ahorros y compré una Vandenberg de 4ª mano a Paco Manchón, y una vela Toni Tió a Juan Carlos Muñoz “Carli”, que venía de ganar el Campeonato del Mundo. En este europeo hice 7º en la general. Llegando a ganar una manga en viento marginal, y incluso colocándome 3º provisionalmente aquel día.

En esta regata conocí a Monty, quien ya vivía en Tarifa, y vino a competir. Meses después apareció por Pto. Sherry un día cualquiera, nos vio entrenando y decidió dejarme 3 velas de Raceboard y 3 mástiles para que los probara. Yo no cabía en mí de felicidad, y probé todo y en todas las combinaciones posibles. Le di mi opinión y comenzamos a trabajar en las velas. El verano siguiente, ya en la universidad, partimos dirección Dunkerque (Francia), Carli, Augusto y Yo. En mi caso, no había sido capaz de sacarme el carné de conducir y mi hermana María tuvo que venir para conducir por mí. El viaje fue un éxito, en una flota de 74 pesados, con apenas un primero en una de las mangas, pero con buenos resultados tanto en viento fuerte como en poco viento, logré hacerme con el título de Campeón del Mundo.

Había entrenado mucho físicamente, las velas diseñadas por Monty, eran buenísimas. La falta de presión, nadie esperaba que yo ganara, me permitieron ganar con relativa facilidad. La sensación en aquella entrega de premios fue absolutamente increíble. Aun no la he vuelto a tener, e imagino que no se repetirá.

Los siguientes años, tercero en el mundial de Altafulla, Tarragona, año 1998. Subcampeón del mundo en Bélgica en 1999. Aquí y a continuación se disputó el primer Campeonato del Mundo de Formula no oficial, me parece que lo ganó Woiteck. Yo me corté el pie con 7 puntos. Al día siguiente no podía caminar, y tuve que retirarme. Y por último, subcampeón en el mundial de Murcia, en al año 2000. Este año la flota había disminuido enormemente. Incluso juntaron a las categorías de ligeros y pesados. Ganó Iván Pastor, y yo que hice una muy buena regata, no pude pasar de segundo. No obstante, estaba un poco quemado, de regatear siempre contra los mismos, necesitaba un cambio. A finales del 2000, se me rompió mi cuarta y última mistral one design. Y no estaba por compra otra. En el invierno del 2001, estaba en mi último año de carrera. No sabia muy bien en que navegar, y justo después de los exámenes de febrero, me invitaron a unirme al equipo Americano de la Transatlántica, de Portugal a Brasil. Me apunté directamente, sin pensarlo demasiado. Fue una aventura increíble, y pude navegar muchísimo. Midiéndome con algunos corredores de PWA.

La regata fue un fracaso, los barcos de apoyo, se destrozaron con un temporal entre las islas Canarias. Tuvimos que ser rescatados en mitad de la noche con un helicóptero. Pero yo solo me llevé buenos recuerdos, y la promesa de John Chao, jefe del equipo y editor de la revista americana “American Windsurfer”, de hablarle a Svein de mí.

Así lo hizo. En pocos meses, ya tenía material de Starboard, a través de Jorge Tarodo de GBT3. Ese año competí en las pruebas españolas. Con las mismas velas de The Loft Sails con que habíamos navegado en la transatlántica. Recuerdo a menudo una de las Copas de España en Murcia con Víctor Fernández. El tío era increíble, iba rapidísimo, pero no se enteraba del recorrido. En tierra traté de explicárselo, pero me miró y me dijo “ya te sigo yo”. Dicho y hecho, solo que él llegaba primero a la boya de ceñida, miraba hacia atrás, y me dejaba pasar para que le indicara el camino.

A finales de año, decidí desplazarme al Mundial en Tailandia. 125 hombres en una línea de salida. Fue una experiencia que valió la pena.